"El lenguaje es fuente de malos entendidos". El principito

En las presentaciones, uno de los pecados capitales es usar conceptos abstractos y no concretar su significado.

A menudo se usan palabras como innovación, creatividad, liderazgo o emprendimiento. Y a menudo quedan como conceptos vacíos porque no se da ninguna pista de lo que se quiere decir en realidad.

La abstracción da pie a confusiones ya que cada persona se hace una idea del concepto expuesto. A mi entender, creatividad es la capacidad de crear o producir algo de valor a partir de una o más ideas. Pero para otros es la capacidad de tener muchas ideas, sin que necesariamente se lleven a cabo.

Si no concretamos de algún modo estas palabras abstractas, caeremos en la Maldición del Conocimiento y daremos por sentado que los demás entienden a la perfección lo que les decimos, cosa que no siempre ocurrirá.

La verdad es que resulta cansino ver este tipo de conceptos abstractos en boca de muchos supuestos expertos que no quieren, no se atreven o no saben llevarlos a tierra para que el resto de mortales sepamos exactamente a qué se refieren.

La solución es tan sencilla como aplicar una o más de las siguientes acciones.

  1. Empieza definiendo qué entiendes exactamente por ese concepto abstracto. Un punto de partida puede ser consultar el diccionario, aunque no tienes porque limitarte a la definición que encuentres, quizá tu interpretación del término es bastante más distinta que la convencional.
  2. Pon ejemplos concretos. Si hablas de liderazgo, di qué tipo de personas cumplen con tu definición: ¿algunos políticos en concreto?, ¿cargos directivos?, ¿trabajadores sin cargo pero que inspiran a sus compañeros?
  3. Aporta casos de éxito que representen el término del que hablas. Por ejemplo, experiencias de centros educativos que sean innovadores según tu definición. Comenta el contexto, el punto de partida, los retos, los resultados…
  4. Cuenta historias que representen ese concepto. Un caso de éxito es en realidad una historia pero pueden haber otros tipos de historias que también revelen el significado de una palabra: experiencias personales, anécdotas de la organización a la que perteneces…
  5. Usa citas o proverbios que definan de algún modo el concepto a tratar. Pueden ser frases célebres o creadas por ti y que contengan la esencia de lo que quieres transmitir. Para hablar de “desarrollo personal” podríamos usar la cita de Horacio “Gobierna tu mente o ella te gobernará a ti”.
  6. Plantea una metáfora, analogía o símil para facilitar la comprensión. Por ejemplo, si hablas de simplicidad en el diseño de diapositivas cuenta que las ideas que quieres transmitir son como prendas de ropa que hay que tender. Las pinzas son los elementos a incluir en la diapositiva para que esa idea se entienda (o se aguante). Hay que poner el número mínimo de elementos o pinzas para cada caso. El resto es superfluo.
  7. Establece un marco de referencia. Si hablas de innovación en la educación, puntualiza respecto qué es innovación. Quizá te sorprenda comprobar que tu audiencia ya aplica lo que vendes como innovación pero ellos no creen que eso sea innovador.
  8. Muestra objetos o imágenes que representen el concepto abstracto. De nuevo, para ilustrar simplicidad, puedes mostrar una pinza.
  9. Predica con el ejemplo. Sé coherente. No hables de innovación o creatividad si usas un PowerPoint inundado de texto acompañado de una exposición monótona y previsible.

Créditos:

  • Imagen del Principito de mediodescocido (Creative Commons, Atribución).

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Profesor con vocación de maestro. Obsesionado en compartir conocimiento y maximizar el aprendizaje y la motivación de las personas. Loco de las presentaciones. Estoy en Twitter como carlescv. También estoy en Google+.