Corazón de papel sujeto por dos manos

Para dirigirte a ti mismo, usa tu cabeza. Para dirigirte a los demás, usa tu corazón

¿Qué diferencia un líder por posición de un verdadero líder?

El líder por posición llega a un cargo concreto: jefe, administrador, directivo, puesto de mando… La gente confiará en esa persona durante un período de tiempo limitado gracias a la posición que ocupa. Pero no basta con eso, el supuesto líder tendrá que demostrar con sus actos que merece la confianza de sus seguidores. Tendrá que demostrar que puede ofrecerles apoyo y que juntos podrán resolver los retos que surjan por el camino.

Si al cabo de un tiempo el líder por posición no logra que confíen en él, no será un verdadero líder. La gente le hará más o menos caso pero no porque crea que vale la pena seguir a esa persona, sino por miedo a posibles represalias o para no desentonar con el grupo. Se harán las cosas por inercia y sin convicción, porque toca hacerlas. La motivación y la participación brillarán por su ausencia.

Un verdadero líder es capaz de ganarse a la gente, de escucharles de verdad, de entender su contexto. Como dice John C. Maxwell, un verdadero líder jamás piensa “¿Por qué estas personas actúan tan mal?” sino “¿Cómo puedo crear una situación que saque lo mejor de ellas?”

Y como dice Daniel Goleman, la tarea fundamental del líder es despertar sentimientos positivos en sus seguidores. Es decir, producir el clima emocional positivo indispensable para movilizar lo mejor del ser humano.

Está claro que alguien con un cargo importante que sea un auténtico líder tiene mucho a su favor y logrará influir a más personas de su organización. Pero para influir a los demás no hace falta tener ningún cargo. O no hace falta tener un cargo de mucho poder.

Si tus acciones inspiran a otros para soñar más, aprender más, hacer más y cambiar más, tú eres un líder.

John Quincy Adams

Esta reflexión viene a raíz de un texto que encontré por casualidad hace unos días. Se trata de una carta en memoria de la que fue una gran maestra y que dejó una profunda huella en una de las guarderías que asesoró. Podréis estar más o menos de acuerdo con el contenido del texto pero lo que es indiscutible es cómo esta mujer influyó para siempre a las maestras de esta guardería. No conozco los detalles pero por lo que explican en la carta, Sol Indurain era una verdadera líder, capaz de influir y de ilusionar como pocas personas saben hacer.

Carta a una gran maestra

Estimada Sol,

 

Ahora hace un año que nos dejaste. Un año sin alguien te permite reflexionar mucho sobre la influencia que ha tenido en ti misma y también en nuestra escuela. Sólo con tu fuerza, tu ilusión y tu saber hacer, se puede cambiar la realidad que nos rodea y, por tanto, nuestro futuro.

 

Nos conocimos cuando viniste a hacernos un asesoramiento. Encontraste una escuela llena de juguetes de plástico… fiestas de los colores, niños y niñas con la bata puesta todo el día, vasos de plástico… Quizás lo mejor que podemos decir en nuestro favor es que éramos un equipo de gente con mucha ilusión y con mucha receptividad a los cambios. Poco a poco, de tu mano, conocimos otras maneras de hacer y la pedagogía que las sustentaba. Los juguetes de plástico fueron arrinconados y la escuela se llenó de cajitas, calabazas, hojas, caracoles, trigo, de juegos de agua, de luz… convirtiendo nuestro trabajo en nuestra pasión y nuestra mirada en un radar en busca de material y propuestas. Conseguiste que hiciéramos caer barreras, tanto psicológicas como físicas, trabajando con espacios abiertos y entendiendo la escuela como un ámbito global lleno de propuestas, donde los niños y niñas pueden moverse libremente sin tener que estar encerrados entre cuatro paredes de una clase.

 

Para trabajar de esta manera, antes teníamos que hacer el descubrimiento más importante: el de un nuevo niño. Un niño competente, que era necesario, ante todo, respetar. Y eso no se quedaba en palabras bonitas para incluir en el proyecto educativo: respetarlo significaba no hacer nada al niño que no harías a un adulto. Y esto tiene una gran repercusión en el día a día, porque respetar implica:

 

  • Respetar los procesos evolutivos sin imposiciones: ahora toca sacar el chupete, el pañal, caminar, sentarse…
  • No ponerles ninguna etiqueta, ni diminutivo, bajo ninguna condición.
  • No hablar de ellos o de su familia como si no estuvieran.
  • No regañarles en público, sino decirles personalmente que no nos ha gustado.
  • No hacer ninguna falso elogio con dramatización incluida, sino un elogio personal, real y lleno de admiración por lo que acaba de conseguir.
  • Respetar sus sentimientos y reconocerlos, borrando de nuestro vocabulario expresiones como: no te pasa nada, no llores, no es para tanto…
  • No quitarles las cosas de las manos, sino pedírselas.
  • No actuar ante sus conflictos haciendo de jueces, sino darles la oportunidad de resolverlos por sí mismos y, como mucho, hacer de mediadores.
  • Partir de los intereses de los niños, huyendo de programaciones pautadas: el otoño, los colores…
  • No primar las actividades por encima de su bienestar. Entender al niño como competente pide creer en sus capacidades, y:
  • Darle la oportunidad de decidir: a qué quiere jugar, qué y cuánto quiere comer, si quiere participar en una actividad o no, si quiere ir al patio o no…
  • Darle la oportunidad de vestirse solo, servirse la comida y el agua…
  • No querer controlarlo en todo momento cuando, trabajando en espacios abiertos, el niño sale de nuestro campo de visión.
  • Beber en vasos de vidrio.
  • No hacerle llevar una bata puesta todo el día.

Y tantas y tantas cosas… Todo esto suponía un cambio radical en nuestra manera de ser, hacer y entender el niño.

 

También nos ayudaste a ser conscientes de la violencia que se encuentra en muchas de las actitudes “inocentes” y cotidianas hacia los niños, y en la responsabilidad que tenemos. Quizás por eso nos sorprende que todavía haya escuelas donde el material más abundante sean los juguetes comerciales de plástico, donde el niño no puede crear, donde todo está pautado y decidido por los adultos sin contar con su voluntad ni con sus intereses. Y aún más: nos indigna y nos entristece que se trate a los niños con tan poco respeto, que en el día a día, como adultos y como maestros generamos situaciones de violencia cuando se les obliga a probar algo que no quieren, o cuando se les regaña en público o se les hace sentarse en la silla «aburrida» o «pensar»…

 

Sabemos que, mientras te echamos de menos, tenemos que seguir aprendiendo y sobre todo replanteándonos cada gesto, cada palabra, cada actitud hacia los niños.

En memoria de Sol Indurain y tantas maestras que dedican gran parte de su vida a hacerte enamorar de la increíble tarea de acompañar a los niños en su desarrollo.

Créditos

Foto de corazón de papel de seanmcgrath (Creative Commons: Atribución)

 

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Profesor con vocación de maestro. Obsesionado en compartir conocimiento y maximizar el aprendizaje y la motivación de las personas. Loco de las presentaciones. Estoy en Twitter como carlescv. También estoy en Google+.