Antes de tener hijos me quedaba a escribir hasta la una o las dos de la madrugada. Trabajaba por las tardes y me lo podía permitir. Me despertaba a las nueve de la mañana o incluso más tarde. Era mi época a.S. (antes de Silvia, nuestra primera hija).

Cuando fui padre cambié mi horario y empecé a trabajar por las mañanas. Al principio intenté seguir con mis hábitos nocturnos pero pronto me di cuenta de que no podía mantenerlos. Cada día tenía que levantarme a las seis de la mañana y muchas noches dormía mal porque se despertaban los niños.

Si lograba quedarme a escribir hasta tarde luego tenía insomnio. Podía estar una hora en la cama antes de dormirme. Entonces creía que era porque la actividad de escribir activaba mi cerebro y luego necesitaba un tiempo de descompresión. Mi cansancio aumentaba, estaba irritable y decidí dejar de escribir por las noches.

Al cabo del tiempo, leí varios artículos que explicaban por qué las pantallas crean insomnio: tiene que ver con el tipo de luz que emiten. Parece ser que tienen un componente de luz azulada. Si nos exponemos un rato a esta luz, aunque sea de noche, el cuerpo se activa y por tanto cuesta conciliar el sueño. No recuerdo los detalles exactos pero esa es la idea básica.

Lo curioso es que lo leí en varias publicaciones en poco tiempo. Todas explicaban el porqué y daban detalles pero ninguna ofrecía una solución (aparte de dejar de usar pantallas antes de acostarse).

Más tarde descubrí un programa para ordenador que cambia la luz de la pantalla a colores más cálidos. Lo instalé y volví a escribir por las noches (los niños ya duermen mejor). De repente, ¡ya no tenía insomnio aunque estuviera dos horas escribiendo!

El problema no era el hecho de estar escribiendo, el problema era la luz que emitía la pantalla del ordenador. Eso es lo que me creaba insomnio. Una vez encontré la solución he vuelto a retomar mi hábito de escribir por las noches.

El programa se llama f.lux, es gratis y está disponible para Mac, Windows, Linux y iPhone/iPad. Para Android me instalé Twilight que hace lo mismo.

Haz una llamada a la acción relevante para la audiencia

Estoy seguro de que muchas personas que leyeron los artículos sobre la luz azulada de las pantallas siguieron usando sus móviles y ordenadores antes de ir a dormir. Probablemente tienen ese hábito y si no se ven forzados a cambiarlo, como fue en mi caso, seguirán con problemas para conciliar el sueño.

Lo que le faltaba a todos esos artículos era la llamada a la acción de instalar una aplicación que cambie la luz de las pantallas. Tan sencillo como eso.

Cuando comunicamos no sólo importa el QUÉ, también cuenta el ¿Y AHORA QUÉ?. Es decir, qué va a hacer la audiencia con esa información. Si no la especificas, en muchos casos no la harán. Quizá no se les ha ocurrido nada, quizá les da pereza.

Si añades una llamada a la acción relevante, clara y concreta será más fácil que la lleven a cabo. Uno de los grandes problemas de la comunicación es dar por sentado cosas que luego no se cumplen.

Mi llamada a la acción de este artículo es que incluyas siempre una llamada a la acción en tus presentaciones (es un poco meta, lo sé).

En mis cursos sobre presentaciones siempre insisto en este aspecto. Hay quien hace una presentación para concienciarnos sobre algún tema. Les recomiendo que incluyan una llamada a la acción, por pequeña que sea. Si me hablas de cambio climático y ya está, probablemente me quede con una sensación de impotencia. Si me das una pequeña acción a llevar a cabo que pueda reducir, aunque sea de forma minúscula, ese cambio climático, ya tengo la opción de hacer algo y sentirme mejor.

Puestos a pedir, lo ideal es que la audiencia pase a la acción en la misma presentación. Pero de eso hablaré en un próximo artículo.

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Profesor con vocación de maestro. Obsesionado en compartir conocimiento y maximizar el aprendizaje y la motivación de las personas. Loco de las presentaciones. Estoy en Twitter como carlescv. También estoy en Google+.