Retrato de gato

Hace años tuve un gato al que le hice unos cuantos retratos.

Antes de hacer una fotografía, busco el mejor ángulo: puedo alejarme o acercarme, desplazarme hacia un lado o variar la altura de mi cámara. Dicho de otro modo, reencuadro la imagen. Es sorprendente cómo llega a cambiar una escena en función del punto de vista.

De hecho hay más formas de variar el resultado en una fotografía. Si usas un objetivo de larga distancia focal el fondo tiende a compactarse y a hacerse más borroso (también influye la apertura utilizada). Por otro lado, puedes usar una velocidad de obturación más o menos rápida. Eso influirá en la luminosidad de la escena y en la nitidez del sujeto en movimiento.

En resumen, ante una misma escena podemos obtener una infinidad de posibles fotografías con resultados bien distintos. Y, ¿qué tiene que ver esto con hablar en público? Pues mucho. Veamos por qué.

La mayoría de las personas nos ponemos nerviosas antes de hablar en público. Los nervios se manifiestan de formas diversas: se acelera el corazón, te sudan las manos, sientes mariposas en el estómago…

Estás nervioso o nerviosa porque vas a exponerte delante de varias personas, probablemente que ni conoces. Serás el único centro de atención y eso a nuestro cerebro le inquieta bastante. Cuando un antepasado tenía muchos ojos mirándole, estaba expuesto y sin armas, se encontraba en peligro. Así que lo primero a tener en cuenta es que los nervios son una respuesta de nuestro cerebro para garantizar la supervivencia de nuestra especie. Es decir, son completamente normales. Por tanto, nunca te sientas culpable por sentir nervios antes de hablar en público.

Los nervios son como mi gato: están ahí y punto. La clave está en cómo reaccionamos ante esos nervios o como encuadramos la escena para hacer el retrato de nuestra mascota. Cuando tengas nervios antes de hablar en público, haz un reencuadre o reinterpretación de lo que significan. Reinterpreta la ansiedad que te generen los nervios por entusiasmo y excitación. Cuando cambias la interpretación generas emociones distintas que generan otros comportamientos (lo comenté en el anterior artículo con el “camino a la acción“).

El psicólogo Albert Ellis, uno de los grandes representantes de la psicología cognitiva, decía:

“No son los acontecimientos los que provocan nuestras emociones, sino la manera como los interpretamos, y esto depende de nuestras creencias”.

Aaron Beck, otro reconocido psicólogo cognitivo, hablaba de las creencias patógenas, deducciones arbitrarias que hacemos y que nos afectan negativamente: Si no funciona este negocio, seré un fracasado; he vuelto a suspender: no hago nada bien; Ana no me ha llamado: nadie me querrá nunca. Todas estas afirmaciones son falsas causalidades y debemos detectarlas a tiempo. Que suspenda un examen no implica que no haga bien otras cosas. Estas creencias patógenas son altamente tóxicas y uno debe aprender a detectarlas en cuanto aparecen y cambiar el discurso por afirmaciones más compasivas.

Quizá tuviste alguna mala experiencia al hablar en público y eso te generó una o más creencias tóxicas. Reencuadra esas experiencias de tal forma que dejen de ser recuerdos negativos y pasen a ser experiencias positivas. Por ejemplo: ahora ya sabes algo que no debes repetir en una presentación. O esa mala experiencia era necesaria para llegar hasta donde estás y poder mejorar. Sería como retocar una fotografía con un programa de edición de imágenes: puedes recortar, ampliar, oscurecer, aclarar, aislar…

Gato dentro de caja de cartón
Antes de hablar en público, busca el mejor ángulo para retratar a tus nervios: puedes alejarte o acercarte, desplazarte hacia un lado o variar la altura. Dicho de otro modo, reencuadra los nervios. Es sorprendente cómo llegan a cambiar tus emociones en función del punto de vista.

 

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